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Es importante tener una rutina de cuidado de pies, empezando por mantener la limpieza e hidratación diarias.
Una o dos veces a la semana puedes realizar una exfoliación suave para eliminar células muertas e impurezas y favorecer así la renovación cutánea. Pero, sin duda, la hidratación diaria es la gran aliada para combatir durezas y callos. En los meses de más frío, y también en verano (cuando los pies están más descubiertos y su piel se deshidrata a causa de los factores ambientales y de estilo de vida), recomiendo aplicar una capa de hidratación más abudante por la noche y dejar que actúe durante las horas de descanso.
En caso de molestias al andar y/o durezas persistentes, acude a tu podólogo/a.